El invento del momento se llama Anti-Karaoke, una forma descacharrante de dignificar el arte de cantar temas de éxito mientras tus colegas se parten de risa. Para vivirlo en primera persona, un periodista de 'La Revista 40' se disfraza de Kiss y pasa por la experiencia. Acabó hasta concediendo entrevistas. Porque la vida puede ser maravillosa...
Mis piernas han dejado de temblar. Estoy con la lengua llena de sangre y cantando con la cara pintada como un demonio sobre el escenario de una repleta Sala El Sol, de Madrid. Mi misión: cantar en el primer Anti-Karaoke de Madrid celebrado el pasado 14 de febrero, ha llegado al momento álgido. A ese momento lo llamaremos Hora Cero. Pero ¿cómo he llegado hasta aquí? Y lo más importante: ¿qué es el Anti-Karaoke? una definición rápida: un karaoke cómico y rockero. Olvida el Y nos dieron las 10, de Sabina, clásico del karaoke convencional: en el Anti-Karaoke sólo se canta rock and roll.
5 DE LA TARDE. DOCE HORAS ANTES DE LA HORA CERO
"Tienen sangre?", pregunto. "Pues deme un bote". La dependienta no se sorprende con mi pedido. Buena señal. El disfraz de Kiss estaba decidido hace días. La banda de rock estadounidense siempre ha sabido dar espectáculo. Ésa es también mi intención. "Tío, creo que vas a hacer el ridículo", me dice mi maquillador. A eso se le llama animar al artista. No sé por qué estúpido mecanismo mental decido no ensayar. Un par de movimientos de culo frenta al espejo y listo. ¡Que sea lo que el dios [del rock] quiera!
10 de la noche. Dos horas antes de la Hora Cero. A juzgar por las caras de los taxistas, debe ser extraño encontrar a Gene Simmons, el bajosta y cantante de Kiss del que me he caracterizado, conduciendo por Madrid. Llego a la sala. Sobre el escenario aparece Rachel Arieff, cómica norteamericana de 30 años, inventora y maestra de ceremonias de Anti-Karaoke. Vestida de cuero y medias de rejilla, explica en castellano (y con acento de Milwaukee) el funcionamiento: "No hace falta cantar bien. Aquí no hay pantallas para leer la letra. Las pantallas son para idiotas." Rachel anuncia a los participantes que se han apuntado en una hojita de papel (como en un karaoke tradicional). A lo largo de la noche Rachel se mete en la piel de personajes como Madonna (nos pondrá a todos de rodillas para rezar por su marido Guy Ritchie). "Tengo tanta pasta que cuando meo me limpio con solomillos", dice. Incluso de la Duquesa de Alba. Apuro mi cuarta cerveza. ¿Quién me mandará meterme en estos líos?
11 DE LA NOCHE. UNA HORA ANTES DE LA HORA CERO
Por el escenario ha pasado ya una docena de participantes. Daniel El Mutante ha cantado una potente y divertidísima versión de Enter Sandman, de Metallica. Este tío es una estrella.
Un paréntesis para hacer historia. El primer Anti-Karaoke nace en Barcelona. Allí, desde hace un año, se celebra cada lunes. El primer día sólo había 15 personas, ahora las 250 entradas de la sala Sidecar se agotan cada noche. "Es el turno de Doctor of Love", se oye por el micrófono. ¡Ése soy yo! Subo al escenario y sólo se me ocurre decir: "Quietorrr... No puedorrr... Viva Chiquito y el rock and roll!" Empezamos bien...
1 DE LA TARDE. 12 HORAS DESPUÉS DE LA HORA CERO.
Saltemos en el tiempo. Al día siguiente, en un apartamento en el centro de Madrid, Rachel, casi licenciada en Ciencias Políticas, sin maquillajes de ojos verdes, cuenta su historia: "En 2003 llegué a Barcelona para hacer mi espectáculo de monólogos, Cómo ser feliz todo el tiempo. Me enamoré de la ciudad y me eché un ligue de la hostia. Tras ir a un karaoke, donde nos trataron fatal, pensé en montar uno, pero con canciones de rock". Por el Anti-Karaoke de Barcelona han pasado músicos (The Cult), presentadores (Corbacho) y estrellas del porno (Sophie Evans). "Somos una gran familia. Pero a quien tengo ganas de conocer es a la Duquesa de Alba. Me parece una diosa, un tótem."
HORA CERO
Suena mi canción elegida, Rock and Roll All Nite, himno entre los himnos de Kiss. Doy la espalda al público y muevo el culo. Bien, eso lo tenía ensayado. Después, todo se descontrola: me doy la vuelta y, en homenaje a Van Halen, doy un salto de medio metro. Casi me caigo, pero me meto al público en el bolsillo. La actuación pasa rápido (uff, me estaba quedando sin aire).
Miro libidinosamente (es sólo un papel, ¿eh?) a Rachel. Llega el golpe de efecto: cojo el vaso de sangre falsa y me la bebo (mmmm, está rica). Saco la lengua como un loco mientras acaba la canción. Los minutos tras la actuación transcurren entre entrevistas para televisión, sexys saludos de fans improvisados y una sensación de haber vivido una noche de rock and roll. Mis cinco minutos de fama vividos en el mejor karaoke del mundo. ¡Qué duro, pero qué placentero, es ser una estrella!
CÓMO SER UNA ESTRELLA Y LIGAR EN EL INTENTO
Mi elección no fue gratuita. Varios estudios confirman que por la cama Gene Simmons, bajista y cantante de Kiss, han pasado más de 4,600 mujeres, 1,500 más que por la de Julio Iglesias. Y puedo prometer y prometo que, con la cara pintada como Gene, ligué más de lo habitual, lo que, por otro lado, no es extraño. Al bajar del escenario, tras cantar en el Anti-Karaoke, unas chicas me piden que las bese. "Dale una beso también a mi amiga," me dice. Yo, claro, lo hago e intento añadir un lamentazo rockero. Decido no quitarme el maquillaje y en un bar cercano unas jovencitas quieren hacerse una foto conmigo. ¿Éxito? ¿Ridículo? ¡Da igual! Hoy voy a actuar como lo haría Gene incluso hasta con la policía. Al final de la noche, una leve infracción de tráfico hace que dos policías me llamen la atención. "Perdone, señor agente, ahora mismo quito el coche de aqui", les digo con mi cara pintada. "No pasa nada. No se preocupe", me responden. Demostrado: Gene liga bastante y no le ponen multas.